divendres, 2 de març de 2012

VI EL MIEDO EN SUS OJOS


     Como tantos de su clase acabó sin remedio sentado frente a mí en la penumbra de la habitación. ‘Al’, el más buscado y con más cuentas pendientes de todos los gángsteres de Chicago, temblaba. El tipo tenía motivo: acostumbrado a cazar, ahora era presa acorralada. Así que me crecí y de golpe le iluminé el rostro con la potente lámpara colocada a sólo dos palmos de su cara. Vi como nadie un primer plano de la cicatriz famosa en su mejilla y la mandíbula inflamada; cara a cara, descubrí el verdadero rostro del desalmado que tanto daño había causado en la ciudad. Entonces, me sobrevino el sentimiento de dar cuenta de él. ‘Al’ lo notó. Sabiéndose muñeco a mi merced temió por su integridad física; mas no gritó, ni dijo media palabra; sabía a lo que había venido y asumió el riesgo de que el destino, a través de mí, se vengara de él. Hipócrates no lo permitió.
     Le saqué la muela picada sin novedad.

                                                                   Joan Serra i Malla 

1 comentari:

  1. jajajaja :) Genial, un final inesperat. Fins i tot els criminals van al dentista.

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