diumenge, 22 d’abril del 2012

GUARDA'T D'ESDEVENIR "PELEÓN"


     Tu que ets jove, tranquil i reposat; que tens arrels, caràcter i criteri; que persisteixes i saps estar. No renunciïs mai a l’excel·lència. Però sobretot no permetis que t’aigualeixin; no vulguis, com la majoria, acabar els teus dies dins d’una caixa. De “tetrabrick”.

                                                                           Joan Serra i Malla

dimarts, 27 de març del 2012

HEROI


     Avui, a la Casa Rosada, Aníbal Torre, alies ‘Palermo’, veterà de la campanya de recuperació de les Islas Malvinas, després d’anys d’amnèsia històrica i institucional, rebrà un homenatge i també una medalla.
     L’endemà, quan tot hagi passat, ‘Palermo’ tornarà a fer vida normal. Pisparà tantes carteres com calgui als turistes refiats que transitin pel carrer Florida. Volarà més d’una càmera digital al voltant del Café Tortoni. A mitja tarda, abans que apareguin els col·legues de Boca, cercarà negocis amagats entre les deixalles del mercat de San Telmo. A darrera hora, amb l’estómac trist i poc visitat, rematarà la feina demanant caritat pels parcs de Recoleta tot sentint molta enveja dels gossos de pèl lluent passejats per criats.
     Ara a Villa 31, després d’una nit de juliol al ras, ‘Palermo’, glaçat sota un fanal i amb olor a gos mullat, desperta en un llit de cartons; cada dia, una mica més mort, no entén per a què va tornar a néixer al pont de la nau Alférez Sobral, quan el míssil anglès va matar tots els seus companys.

                                                                                       Joan Serra i Malla    

dissabte, 17 de març del 2012

CIRCO TRASTORNADO


Para Flavia Shua.

     El enano verde grita en lo alto: “¡Comienza la función!”. Y corre en busca del enano rojo que está, pero no está. Una troupe que viene; un malabarista en acción; otra troupe que va. Un clown aclara el futuro, mientras, entre los elefantes al ralentí, augusto pasea con  el plato y la vendedora ofrece. El enano rojo devora al enano verde que, saltito a saltito, no puede escapar. La pista queda vacía y libre.
     Con el número acabado, los espectadores, sin levantarse de los asientos, se dirigen veloces a la esquina del número siguiente.
     ¡El espectáculo debe continuar!

                                                                           Joan Serra i Malla

divendres, 2 de març del 2012

VI EL MIEDO EN SUS OJOS


     Como tantos de su clase acabó sin remedio sentado frente a mí en la penumbra de la habitación. ‘Al’, el más buscado y con más cuentas pendientes de todos los gángsteres de Chicago, temblaba. El tipo tenía motivo: acostumbrado a cazar, ahora era presa acorralada. Así que me crecí y de golpe le iluminé el rostro con la potente lámpara colocada a sólo dos palmos de su cara. Vi como nadie un primer plano de la cicatriz famosa en su mejilla y la mandíbula inflamada; cara a cara, descubrí el verdadero rostro del desalmado que tanto daño había causado en la ciudad. Entonces, me sobrevino el sentimiento de dar cuenta de él. ‘Al’ lo notó. Sabiéndose muñeco a mi merced temió por su integridad física; mas no gritó, ni dijo media palabra; sabía a lo que había venido y asumió el riesgo de que el destino, a través de mí, se vengara de él. Hipócrates no lo permitió.
     Le saqué la muela picada sin novedad.

                                                                   Joan Serra i Malla 

dijous, 23 de febrer del 2012

UNA VICTORIA SOBRE SALOMÓN


     Es 30 de Agosto. Con el 0-0, el árbitro señala penalti en el último minuto de la final del mundial. Sin tiempo que perder los holandeses le piden a Dios que el delantero marque gol. Al mismo tiempo, los peruanos le piden que el portero detenga el balón. El dilema está servido.
Dios quiere contentar a todos, pero necesita tiempo para meditar y  manifestarse.
     En la tardanza, los devotos menos comprometidos comienzan a dudar de la ayuda divina. La fe se tambalea y Dios se da cuenta.
     Presuroso, da cuatro instrucciones dogmáticas a Santa Rosa, que envía con urgencia una tormenta sobre La Bombonera. Al momento, la nieve cubre la cancha.
     El árbitro suspende el partido hasta nuevo aviso.
     Mañana Dios dirá.  
                                                                   
                                                                                                                            Joan Serra i Malla

dissabte, 11 de febrer del 2012

ESTADO DEL BIENESTAR


    El lobo, que era malvado pero no tonto, admitió su fracaso con relación al caso de los tres cerditos. Malparado y encima impopular, juró, por el prestigio de la especie, que las cosas no quedarían así.
    Por su parte los cerditos, al fin seguros, continuaron construyendo y disfrutando de sus resistentes casas de ladrillo a prueba de lobo.
    Éste, viendo claro que en el futuro tendría las de perder, se aplicó el cuento y cambió de estrategia. Así que abandonó los agotadores métodos tradicionales basados en la fuerza bruta y apostó por el estudio; fue a la universidad y se hizo banquero. Llegó el boom del ladrillo y concedió tantas hipotecas como pudo, sobre todo a los cerditos confiados.
    Más tarde, con la crisis económica a la vista, el lobo se sentó en su sillón, se frotó las manos y se limitó a esperar que los cerditos no pudieran pagar sus hipotecas.

                                                               Joan Serra i Malla

divendres, 3 de febrer del 2012

'CLOOTIE'


                    [...] Ye howling winds, and wintry swelling waves!
                                                                                                           Unheard, unseen, by human ear or eye, [...]
                                                                                                                                                                Robert Burns

   Quien en un día de otoño plomizo, con el viento del norte de Escocia azuzando el mar, haya tenido la suerte de ver el oleaje arremetiendo con furia contra los diques del pequeño pueblo de Pennan, seguro que jamás olvidará el espectáculo.
Y esto fue, precisamente, lo que, por la tarde húmeda, fría y gris, contempló la viuda Burns, desde el salón de su aislada casa sobre el acantilado, cuando a través de los cristales empañados de las ventanas, vio como, allá abajo junto al mar, el pueblo de corta hilera de casas adosadas se iba difuminando, cada vez más, hasta convertirse en una borrosa mancha blanca, que rodeada primero por el infinito gris ceniza de la niebla, acabó, en escaso rato, engullida por la más completa oscuridad de la galerna.

   Como tantos anocheceres solitarios, la anciana y espigada señora Burns, encerrada en su casa sin más compañía que la de su perro, Clootie, se sentó al calor de la chimenea. Al monótono tictac del reloj de pared y al ritmo parsimonioso del crujir del suelo de roble bajo el balanceo de la mecedora, parecía como si el tiempo se hubiera detenido por completo. Luego, de repente, cedió la ventana mal cerrada, y el trueno, la lluvia y el viento irrumpieron en el salón con gran estruendo. Sobresaltada, la señora Burns se levantó de su asiento, y avanzando como pudo hacia la ventana intempestiva, consiguió cerrarla con gran esfuerzo y restaurar la calma. Físicamente agotada, apoyó su espalda contra la pared, mientras sus rodillas temblorosas cedían y daban con ella en el suelo. Entre los muchos objetos que el viento esparció por el salón, justo al alcance de sus dedos, descubrió un retrato de Ben, su marido fallecido. Sin importarle el marco astillado ni los afilados pedazos de vidrio roto, lo alcanzó y lo abrazó con fuerza contra su pecho. En este momento, Clootie, que había presenciado toda la escena, empezó a aullar como en el pasado invierno junto al mar.

   En el invierno anterior, el intrépido Ben había salido con su pequeño bote a pescar. Desafiando la tormenta que se avecinaba, ignoró los ruegos de quienes, expertos marineros, le aconsejaron que aquella tarde no se hiciera a la mar. Incluso esta vez, como nunca antes había sucedido, Clootie no quiso embarcar y, permaneciendo al borde del dique, aulló de una manera extremadamente triste y desconocida, mientras su dueño se esfumaba, remando decidido, por entre la bruma. En tierra todos atemorizados, reconocieron el mensaje que la muerte estaba enviando a través de Clootie. Y entendieron bien, pues con el anochecer el mar devolvió sin vida el cuerpo de Ben.

   Sin fuerzas para levantarse, la señora Burns seguía tendida en el suelo del salón, y cayendo en la cuenta del fúnebre aullar de Clootie, comprendió lo que en realidad allí iba a suceder, pues el presagio de la muerte le sobrevino de lleno. Serenamente aceptó su destino; abrazó, con más fuerza si cabe, el retrato de Ben; cerró los ojos y se dispuso a reunirse con él. La oscuridad más absoluta se adueñó de todo y los aullidos de Clootie cesaron.

   Al alba la señora Burns todavía en el suelo del salón, abrazada con fuerza al retrato, abrió los ojos, y, sin saber dónde estaba, con espanto comprobó como a su lado yacía sin vida el cuerpo del fiel Clootie, con ambas patas delanteras, a modo de abrazo, sobre la foto de Ben.
                                                                                                                           
                                                                                                                            Joan Serra i Malla